Las 3 genealogías de Jesús

Tres de los cuatro Evangelios comienzan con genealogías de Cristo, con el propósito de ayudarnos a entender un aspecto diferente de la persona de nuestro Señor. Esto tiene que ver con el público al que va dirigido cada uno de ellos, aunque también con la finalidad de dejarnos a nosotros el conocimiento de quién es aquel que murió para que alcancemos salvación.

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Antes de que Abraham fuera, Yo Soy

Una vez más, como sucedía con demasiada frecuencia en ese tiempo, nos encontramos a Jesús en una disputa abierta con los judíos. Luego de pasar por el monte de los Olivos, el Señor regresó al templo y continuó enseñando a los que allí estaban. Fue entonces cuando los fariseos y escribas llevaron ante él a una mujer sorprendida en adulterio. En ese momento empezarían una larga discusión, en la cual Jesús era acusado, pero respondía con firmeza a cada comentario realizado en su contra. En la medida que fue avanzando el tiempo, la cosa estaba cada vez más lejos de solucionarse. Los judíos lo veían como un hereje y ya no estaban dispuestos a seguir aguantando sus dichos. ¡Querían matarlo!

En este pasaje que vamos a analizar, encontramos cómo llega todo al punto cúlmine. Estaba todo tan tenso, hasta que llegó el momento que se produjo la ruptura definitiva; el vaso desbordó por completo. ¿Qué fue lo que causó esto? Veámoslo…

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El poder de Cristo sobre la muerte

18 Mientras él les decía esto, un dirigente judío llegó, se arrodilló delante de él y le dijo:

—Mi hija acaba de morir. Pero ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá.

19 Jesús se levantó y fue con él, acompañado de sus discípulos. 20 En esto, una mujer que hacía doce años padecía de hemorragias se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto. 21 Pensaba: «Si al menos logro tocar su manto, quedaré sana.» 22 Jesús se dio vuelta, la vio y le dijo:

—¡Ánimo, hija! Tu fe te ha sanado.

Y la mujer quedó sana en aquel momento.

23 Cuando Jesús entró en la casa del dirigente y vio a los flautistas y el alboroto de la gente, 24 les dijo:

—Váyanse. La niña no está muerta sino dormida.

Entonces empezaron a burlarse de él. 25 Pero cuando se les hizo salir, entró él, tomó de la mano a la niña, y ésta se levantó. 26 La noticia se divulgó por toda aquella región.

Mateo 9:18-26 (NVI)

Vivimos en un mundo dominado por la tragedia y la muerte. Todos nosotros inevitablemente vamos a morir algún día. Nuestras vidas son marcadas por estos trágicos hechos ¿Por qué es que la muerte nos parece tan mala y triste?¿No es parte del ciclo natural de la vida? ¿Por qué nos resulta tan trágica y hasta innatural? Cada vez que vemos u oímos acerca de una muerte, recordamos poder del pecado y el juicio de Dios sobre nuestras vidas. El Antiguo Testamento nos enseña que Dios, quien es Todopoderoso, Santo, Justo, bondadoso y amoroso creó el universo y todo lo que hay en él. Y todo lo que creó era bueno (Génesis 1:31). No había muerte en el mundo. Creó al hombre para que gobierne la creación y lo represente. Pero el hombre pecó y a partir de ese momento la Tierra cayó bajo maldición. Un Dios Santo no puede convivir con el pecado. Hemos tenido la audacia de desafiar su autoridad y hemos rechazado su amor y su bendición al decirle que nuestros caminos son mejores que los de Él. Al hacerlo, hemos declarado nuestra propia sentencia de muerte. La paga del pecado es muerte(Romanos 6:23). Pero Dios, en su infinito amor, también planificó un medio por el cual su creación iba a ser redimida. Escogió al pueblo de Israel y por medio de los profetas anunció a Aquel que un día revertiría la maldición.

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