Cuando un Hijo de Dios se Deprime

Hay veces que en nuestra vida como cristianos, nos encontramos en situaciones que nos llevan a deprimirnos y estar tristes. No sentimos insuficientes, indignos de servir a Dios, incapaces de hacer algo bueno; miramos hacia el horizonte con el corazón consciente de lo que nuestro Señor quiere que hagamos pero aunque deseamos obrar para él no lo hacemos como esperamos. ¿Cuántas veces dijimos que íbamos a empezar a leer la Biblia y no lo hicimos? ¿Cuántas veces nos comprometimos a buscar más de él en oración y fallamos? Nuestros fracasos personales o ministeriales nos llevan a deprimirnos; ver que a pesar de nuestros esfuerzos en la iglesia se siguen haciendo las cosas mal y parece que no hay nada que podamos hacer al respecto nos pone mal. Clamamos a Dios, pero en nuestro interior hay una profunda tristeza. ¿Vale la pena seguir intentándolo? ¿Por qué no dejar todo a un lado?

En este pasaje vamos a ver la historia de alguien que también quiso dejar todo. Al verse insuficiente, y sentir que todos sus esfuerzos eran en vano, quiso dejar el ministerio que Dios le había dado. No tenía fuerzas para seguir adelante…

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