El maestro y la intimidad con Dios

Es habitual que, cuando pensamos en la palabra “maestro”, nos imaginemos a alguien enseñando y compartiendo tiempo con sus discípulos. Él es quien les explica de la Palabra y quien les va transmitiendo distintas enseñanzas de parte de Dios. Esto es algo que vemos habitualmente a lo largo de todo el ministerio de Jesús. Él estaba constantemente corrigiendo y animando a los suyos para que pudieran comprender las verdades del reino de los cielos. Sin embargo, su función ni empezaba ni terminaba en las explicaciones; la clave que él tenía para impactar la vida de sus discípulos estaba en el tiempo que pasaba en intimidad con Dios. En su vida terrenal, vemos como constantemente se apartaba para buscar del Señor en soledad. Y si Cristo, siendo Dios, necesitaba esto, cuánto más nosotros  que somos maestros falibles. Nunca estaremos capacitados para hablar verdades que transformen la vida de los demás si primero no nos mostró el Señor esas verdades en la intimidad.

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