No vivamos de éxitos pasados

En las congregaciones, muchas veces vivimos recordando “los viejos buenos tiempos” que tuvimos como iglesia. Épocas pasadas, en donde Dios obraba maravillas entre nosotros y donde su obra se extendía hacia lugares a donde nunca había llegado. Miramos atrás y nos enorgullecemos por lo que hicimos de la mano del Señor. También recordamos a la iglesia primitiva, del libro de hechos, y la vemos como la utopía a la que nunca vamos a llegar en nuestras congregaciones. Casi que muchos dirían “cristianos eran los de antes”, lo cual es una locura. El problema es que admiramos tanto lo que Dios hizo en el pasado, que nos olvidamos de hacernos una pregunta importantísima: ¿y ahora qué?

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