El maestro y la intimidad con Dios

Es habitual que, cuando pensamos en la palabra “maestro”, nos imaginemos a alguien enseñando y compartiendo tiempo con sus discípulos. Él es quien les explica de la Palabra y quien les va transmitiendo distintas enseñanzas de parte de Dios. Esto es algo que vemos habitualmente a lo largo de todo el ministerio de Jesús. Él estaba constantemente corrigiendo y animando a los suyos para que pudieran comprender las verdades del reino de los cielos. Sin embargo, su función ni empezaba ni terminaba en las explicaciones; la clave que él tenía para impactar la vida de sus discípulos estaba en el tiempo que pasaba en intimidad con Dios. En su vida terrenal, vemos como constantemente se apartaba para buscar del Señor en soledad. Y si Cristo, siendo Dios, necesitaba esto, cuánto más nosotros  que somos maestros falibles. Nunca estaremos capacitados para hablar verdades que transformen la vida de los demás si primero no nos mostró el Señor esas verdades en la intimidad.

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La Decisión de Apolos

Apolos era un hombre profundamente instruido, que se caracterizaba por tener una gran facilidad para transmitir el Evangelio. Está claro que Dios le había concedido el don de la enseñanza, y él lo ponía a disposición de la iglesia, para su edificación. Sin dudas, aunque no sabemos tanto de él, fue uno de los grandes hombres que Dios usó en la historia de la iglesia, sobre todo en una etapa tan importante como lo fueron los tiempos fundacionales. No obstante, encontramos que él toma una decisión que, al menos a mí, me dejó sorprendido en un principio: Se negó a ir a Corinto aun cuando Pablo quería mandarlo a aquella ciudad a ayudar a la iglesia con sus problemas. ¿Por qué pasó esto? ¿Acaso Apolos no querían servir al Señor y ayudar a sus hermanos? Vamos a verlo…

1 Corintios 16:12 – En cuanto a nuestro hermano Apolos, mucho lo animé a que fuera a ustedes con los hermanos, pero de ninguna manera tuvo ahora el deseo de ir. Sin embargo, irá cuando tenga oportunidad. (NBLH)

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1 Timoteo: El verdadero hijo en la fe (1:2)

1 Timoteo 1:2 – a Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor. (NBLH)

Luego de presentarse a sí mismo y la autoridad que esta detrás de sus palabras, Pablo procede a mencionar a quien recibiría su epístola: Timoteo. Este muchacho, que se había sumado a la aventura de predicar el Evangelio junto al apóstol por todo el mundo durante su segundo viaje misionero, era posiblemente la persona más querida por quien tenía la tarea de llevar el mensaje de salvación a los gentiles. Ahora que están separados, tiene que dirigirse a él por medio de cartas, pero quiere asegurarse de que su discípulo tenga bien en claro que más allá de la distancia, la estima por él permanece intacta.

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1 Timoteo: Los requisitos para los Ancianos y Diáconos (3:1-13)

Palabra fiel es ésta: si alguien aspira al cargo de obispo (supervisor), buena obra desea hacer. Un obispo debe ser, pues, irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, de conducta decorosa, hospitalario, apto para enseñar, no dado a la bebida, no pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso.

Que gobierne bien su casa, teniendo a sus hijos sujetos con toda dignidad; (pues si un hombre no sabe cómo gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?) No debe ser un recién convertido, no sea que se envanezca y caiga en la condenación en que cayó el diablo. Debe gozar también de una buena reputación entre los de afuera de la iglesia, para que no caiga en descrédito y en el lazo del diablo.

De la misma manera, también los diáconos deben ser dignos, de una sola palabra, no dados al mucho vino, ni amantes de ganancias deshonestas, sino guardando el misterio de la fe con limpia conciencia. 10 Que también éstos sean sometidos a prueba primero, y si son irreprensibles, que entonces sirvan como diáconos. 11 De igual manera, las mujeres (diaconisas) deben ser dignas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo. 12 Que los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus propias casas. 13 Pues los que han servido bien como diáconos obtienen para sí una posición honrosa y gran confianza en la fe que es en Cristo Jesús.

1 Timoteo 3:1-13 (NBLH)

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Lo que todo predicador debe saber

Llegando al final de la carta a los efesios, Pablo, luego de mencionar la importancia de llevar puesta toda la armadura de Dios para hacer frente a las artimañas del diablo, menciona una última herramienta para nuestra batalla: la oración. Es así que en el versículo 18 alienta a los creyentes a perseverar en sus oraciones en todo momento. Sin embargo, el mensaje relacionado a la oración no termina allí, sino que se extiende dos versículos más, que nos hablan mucho del carácter de un líder y predicador dentro de la iglesia. Leamos…

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Nehemías 5 y 6: Un gobernador ejemplar

Ya avanzamos en la historia de Nehemías, un hombre que fue movido por la situación de su nación y por la pasión que sentía por la gloria de Dios(Si todavía no leíste los anteriores posts y queres interiorizarte en la serie podes hacerlo en los siguientes links: 1. Nehemías y un llamado a la oración, 2. Nehemías: Manos a la obra). La tarea de reconstruir las murallas de la ciudad no era nada fácil. Como gobernador Nehemías tendría que lidiar no sólo con cuestiones económicas, sino también sociales, oposiciones, etc.. Muchos de los judíos que volvían del exilio lo hacían en situación de pobreza y los más ricos se aprovechaban de esta situación. Es muy interesante cómo en estos capítulos seguimos viendo las oraciones relámpago de Nehemías mientras escribe (Neh. 5:19, Neh. 6:9, Neh 6:14). Eso nos muestra lo presente que estaba Dios en su vida.

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