¿A quién le hablamos cuando oramos?

Esta pregunta puede parecer una completa obviedad. O sea, no hay mucho que pensar; está claro que orar es hablar con Dios. ¿Quién podría dudar de eso? El punto de mi pregunta es, siendo más específico, a qué persona de la Trinidad le hablamos cuando estamos en oración; acá es donde la cosa empieza complicarse. ¿La Biblia dice algo al respecto? ¿Hay un rol asignado para cada una de las personas de la Trinidad en nuestras oraciones? Me sucede que habitualmente escucho que en una misma oración por momentos se la habla al Padre, por momentos a Jesús y por momentos al Espíritu Santo (por no contar los que cometen el error de usar las oraciones para hablar a los hermanos; podés leer más de esto acá). ¿Tenemos alguna referencia al respecto? Vamos a analizarlo…

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Las 3 genealogías de Jesús

Tres de los cuatro Evangelios comienzan con genealogías de Cristo, con el propósito de ayudarnos a entender un aspecto diferente de la persona de nuestro Señor. Esto tiene que ver con el público al que va dirigido cada uno de ellos, aunque también con la finalidad de dejarnos a nosotros el conocimiento de quién es aquel que murió para que alcancemos salvación.

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Yo Soy el Pan de Vida: Sermón

Lectura: Juan 6:25-59

Introducción

Imaginemos que vamos por la calle caminando y vemos a un hombre que anda por ahí diciendo que Él es Dios. Diciendo que Él es el pan de vida y que nadie puede vivir sin Él. O que Él es la luz del mundo y que todos los que no crean en Él están en oscuridad ¿Qué pensarías vos de ese hombre? ¿Qué es un gran maestro? ¿Qué está completamente loco? ¿Le creerías?

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1 Timoteo: La oración como prioridad (2:1-8)

1 Exhorto, pues, ante todo que se hagan plegarias, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres, 2 por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad. 3 Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, 4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad.

5 Porque hay un solo Dios, y también un solo Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre, 6 quien Se dio a sí mismo en rescate por todos, testimonio dado a su debido tiempo. 7 Y para esto yo fui constituido predicador y apóstol, (digo la verdad en Cristo, no miento), como maestro de los Gentiles en fe y verdad. 8 Por tanto, quiero que en todo lugar los hombres oren levantando manos santas, sin ira ni discusiones.

1 Timoteo 2:1-8 (NBLH)

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Antes de que Abraham fuera, Yo Soy

Una vez más, como sucedía con demasiada frecuencia en ese tiempo, nos encontramos a Jesús en una disputa abierta con los judíos. Luego de pasar por el monte de los Olivos, el Señor regresó al templo y continuó enseñando a los que allí estaban. Fue entonces cuando los fariseos y escribas llevaron ante él a una mujer sorprendida en adulterio. En ese momento empezarían una larga discusión, en la cual Jesús era acusado, pero respondía con firmeza a cada comentario realizado en su contra. En la medida que fue avanzando el tiempo, la cosa estaba cada vez más lejos de solucionarse. Los judíos lo veían como un hereje y ya no estaban dispuestos a seguir aguantando sus dichos. ¡Querían matarlo!

En este pasaje que vamos a analizar, encontramos cómo llega todo al punto cúlmine. Estaba todo tan tenso, hasta que llegó el momento que se produjo la ruptura definitiva; el vaso desbordó por completo. ¿Qué fue lo que causó esto? Veámoslo…

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Yo Soy la vid verdadera

Juan 15:1-8 – »Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Toda rama que en mí no da fruto, la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado. Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí.

»Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada. El que no permanece en mí es desechado y se seca, como las ramas que se recogen, se arrojan al fuego y se queman. Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran, y se les concederá. Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos. (NVI)

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