El maestro y la intimidad con Dios

Es habitual que, cuando pensamos en la palabra “maestro”, nos imaginemos a alguien enseñando y compartiendo tiempo con sus discípulos. Él es quien les explica de la Palabra y quien les va transmitiendo distintas enseñanzas de parte de Dios. Esto es algo que vemos habitualmente a lo largo de todo el ministerio de Jesús. Él estaba constantemente corrigiendo y animando a los suyos para que pudieran comprender las verdades del reino de los cielos. Sin embargo, su función ni empezaba ni terminaba en las explicaciones; la clave que él tenía para impactar la vida de sus discípulos estaba en el tiempo que pasaba en intimidad con Dios. En su vida terrenal, vemos como constantemente se apartaba para buscar del Señor en soledad. Y si Cristo, siendo Dios, necesitaba esto, cuánto más nosotros  que somos maestros falibles. Nunca estaremos capacitados para hablar verdades que transformen la vida de los demás si primero no nos mostró el Señor esas verdades en la intimidad.

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Los Valientes del Señor

En 2 Samuel 23 relatan las últimas palabras dichas por el rey David, al final de sus días. Luego, se usa todo el capítulo para mencionar a aquellos que fueron los soldados más valientes y leales de este gran rey de Israel. Allí es que encontramos un relato que nos narra una de las grandes hazañas realizadas por los tres guerreros más importantes de David. A partir de ella, vamos a ver cómo tenemos que relacionarnos nosotros con nuestro Señor…

2 Samuel 23:15-17 –  David sintió un gran deseo, y dijo: “¡Quién me diera a beber agua del pozo de Belén que está junto a la puerta!” Entonces los tres valientes se abrieron paso por el campamento de los Filisteos, y sacando agua del pozo de Belén que estaba junto a la puerta, se la llevaron y la trajeron a David. Pero él no quiso beberla, sino que la derramó para el SEÑOR, y dijo: “Lejos esté de mí, oh SEÑOR, que yo haga esto. ¿Beberé la sangre de los hombres que fueron con riesgo de sus vidas?” Por eso no quiso beberla. Estas cosas hicieron los tres valientes.

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Una pequeña devoción: 2 Tesalonicenses 2:13-17

En su segunda carta a los tesalonicenses Pablo les escribe para consolarlos debido a la persecución que sufren, corregir ciertas ideas acerca de la segunda venida de Cristo y exhortarlos para confrontar a las personas que a pesar de llamarse cristianas no viven conforme al evangelio y la fe que dicen tener. En medio de esta carta, se encuentra un pasaje maravilloso, una oración llena de afecto por Dios y por sus hermanos. Vamos a analizar lo que Pablo escribe en 2 Tesalonicenses 2:13-17. Leer más

Cuando un Hijo de Dios se Deprime

Hay veces que en nuestra vida como cristianos, nos encontramos en situaciones que nos llevan a deprimirnos y estar tristes. No sentimos insuficientes, indignos de servir a Dios, incapaces de hacer algo bueno; miramos hacia el horizonte con el corazón consciente de lo que nuestro Señor quiere que hagamos pero aunque deseamos obrar para él no lo hacemos como esperamos. ¿Cuántas veces dijimos que íbamos a empezar a leer la Biblia y no lo hicimos? ¿Cuántas veces nos comprometimos a buscar más de él en oración y fallamos? Nuestros fracasos personales o ministeriales nos llevan a deprimirnos; ver que a pesar de nuestros esfuerzos en la iglesia se siguen haciendo las cosas mal y parece que no hay nada que podamos hacer al respecto nos pone mal. Clamamos a Dios, pero en nuestro interior hay una profunda tristeza. ¿Vale la pena seguir intentándolo? ¿Por qué no dejar todo a un lado?

En este pasaje vamos a ver la historia de alguien que también quiso dejar todo. Al verse insuficiente, y sentir que todos sus esfuerzos eran en vano, quiso dejar el ministerio que Dios le había dado. No tenía fuerzas para seguir adelante…

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Ni en los cielos ni en la tierra

Cuando perdemos de vista lo que más importa las cosas se vuelven muy difíciles, perdemos motivación, nuestros asuntos empiezan a perder relevancia, mientras que una sensación de vacío e indiferencia se vuelve cada vez mas grande. Esto es particularmente cierto para los cristianos, ¿pero qué es lo que mas le importa a un cristiano? ¿Por qué lo perdemos de vista? Leer más

La vida es Cristo

Lectura: Filipenses 1:12-26

Los Filipenses, al enterarse de que Pablo estaba preso, enviaron a Epafrodito para saber cómo se encontraba y para llevarle la asistencia que requería. Es por eso que Pablo usa los siguientes párrafos de la carta para comentarles acerca de su situación en prisión. O al menos eso es lo que esperamos cuando leemos en el v. 12 “Quiero que sepan, hermanos”. Pero la realidad es otra. Pablo parece no hablar tanto de su propia situación, sino de la situación del evangelio. En estos párrafos vamos a encontrar grandes verdades acerca del fundamento en el cual el apóstol Pablo basaba toda su vida: El evangelio del Señor Jesús. Y a partir de eso, vamos a ver como nuestra vida debe estar centrada en el evangelio. Vamos a ver las consecuencias de centrar toda nuestra vida en el Cristo.

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Desde la Cruz: “Consumado es”

Después de esto, sabiendo Jesús que todo ya se había consumado, para que se cumpliera la Escritura, dijo: “Tengo sed.”  Había allí una vasija llena de vinagre. Colocaron, pues, una esponja empapada del vinagre en una rama de hisopo, y se la acercaron a la boca. Entonces Jesús, cuando hubo tomado el vinagre, dijo: “¡Consumado es! (¡Cumplido está!)” E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Juan 19:28-30 (NBLH)

Las últimas palabras de Jesús que registran el evangelio según Juan son: “¡Consumado es!”. La palabra que se traduce como “consumado” es una palabra griega que puede significar: cumplir, completar, terminar, finalizar, pagar ¿Qué fue lo que Cristo consumó en la cruz del calvario?

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