Sola Fide: Justificados por la fe

Uno de los grandes pilares que motivó la reforma fue justamente la fe. Esto resultó crucial para que Lutero abriera los ojos de su entendimiento para darse cuenta que el hombre no debe aportar obras para poder alcanzar la salvación, sino que somos justificados sólo por nuestra fe en Jesús. Si nos ponemos en el contexto de aquella época, es importante que entendamos que la iglesia era diferente a lo que vemos hoy en día. En aquel tiempo, las autoridades de la iglesia romana se constituían dispensadores de la salvación. Es decir, no bastaba sólo con creer; también era necesario obedecer lo que la iglesia ordenaba, y para mantener la salvación se requerían ciertos sacramentos, ritos y obras. De hecho, en muchos casos, las personas tenían que pagar para que le fuera concedido el perdón de sus pecados. De igual manera, los líderes de la iglesia romana decían que lo que se necesitaba para que un pariente fallecido pasara del purgatorio al cielo era simplemente el ruidito de unas monedas entregadas a la iglesia.

El tema de las indulgencias fue clave para que Lutero empezara a dudar del Papa y de las creencias romanas en general, lo que lo llevaría a iniciar la reforma prostestante. La salvación es únicamente por fe, y no es ninguna obra requerida para que seamos justificados.

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¿Tenemos que ser perfectos?

Hace unos días, una amiga se me acercó con una pregunta: ¿Como cristianos tenemos que ser perfectos? El contexto en el que le surgió esta duda fue mientras ella investigaba sobre los mormones, quienes se basan en el versículo de Mateo 5:48 para afirmar que ellos deben ser perfectos.

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