Una Iglesia en Comunión

Uno de los grandes problemas de la iglesia de hoy en día está en las dificultades que se encuentran para mantener la unidad, no sólo entre los miembros de una misma congregación, sino principalmente con aquellos que se congregan en otro lado. Es habitual que nos pongamos la camiseta de nuestra congregación, y que no nos importe demasiado lo que pasa en otras iglesias. Eso no está bueno, porque en definitiva somos todos parte de un mismo cuerpo (Efesios 4:4-6), y Dios quiere que nos preocupemos por todos nuestros hermanos en el mundo, y que podamos estar en comunión con ellos. Me duele mucho cuando veo a dos congregaciones compitiendo para ver cuál hace los mejores eventos, lleva a los mejores predicadores o tiene más miembros en sus asientos; suena ridículo… pero es tan ridículo como real. Hay gente que se alegra si a otra congregación le va mal, porque eso les hace sentirse bien, pensando en que están mejor. ¿No nos damos cuenta que somos parte de un mismo equipo? ¿No notamos que si hermanos de otra congregación sufren, nosotros tendríamos que sufrir con ellos, y que si hermanos de otra congregación se alegran, nosotros tendríamos que alegrarnos con ellos? (Romanos 12:15)

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